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El sonido de una armónica


Me presento:

Cuando alguien decide aventurarse en la palabra escrita o se es un instruido o un loco, o algo de las dos cosas. Pienso que esta locura tiene algo de instrucción, y va dirigida a todo aquel que estime pertinente ofrecer parte de su tiempo en leer lo que considero relevante para los que tocamos la armónica.

Bienvenido, soy Leonardo Parada y también Leo Enry.

Prólogo:

Cuando me refiero al sonido de una armónica, en principio estoy señalando un elemento asociativo: sonido – imagen. Por cuanto, es reconocible al sentido del hombre. Ah
ora, existe algo más de fondo, algo que nosotros los armonicistas sabemos y que la mayoría de la gente no conoce; me refiero a las infinitas posibilidades que adquiere la armónica en manos de un buen exponente. Nuevas aplicaciones hay para ella en estos tiempos y más personas se suman cada día al aprendizaje de este maravilloso paralelepípedo sonoro, lo que permite una mayor popularidad e integración al mundo de la música.

Uno de los motivos que me impulsa a escribir sobre esta materia, radica principalmente en la importancia que está teniendo en todo el mundo. Desde luego, mi interés, estudio y capacidad para resolver estos temas están basado en la experiencia de tocar y escuchar a otros músicos, no tan sólo de la armónica, sino aquellos que tocan otros instrumentos y que son capaces de transmitir sensaciones inexplicables a nuestro ser. Quizá usted ha tenido la oportunidad de deslumbrarse en alguna oportunidad escuchando algún músico: en la radio, en un concierto, o en la vía publica; y se ha detenido por ello prestándole atención, pero, ¿a qué?, ¿al músico o al instrumento que toca?, ¿a la melodía o a la pericia del ejecutante?. La respuesta a juicio mío corresponde a la habilidad o pericia para ejecutar la pieza musical.

Pues bien, mi énfasis sobre las cosas de las que hablaré a continuación tendrán un juicio objetivo para no desfigurar lo que verdaderamente es la armónica y su especial sonido.
 

Capítulo 1

El sonido de una Armónica

Entre los variados instrumentos musicales que conozco, fue la armónica la que caló todos mis sentidos; y hoy a mis catorce años que llevo como armonicista puedo responder con exactitud y en simple lo siguiente: ¿por qué la armónica?:

Por su forma, por su sonido, por su eficacia. A simple vista estos tres conceptos pueden aplicarse a todos los instrumentos musicales, pero debo hacer un paréntesis con respecto de esta en particular:

Observe su forma: Es un volumen pequeño, liviano y fácil de transportar, además su estructura de ensamble permite afinarla y mantenerla sin mayores inconvenientes.

Escuche su sonido: Es característico y ha sido utilizado desde los inicios de la música popular partiendo con los blues rurales y las viejas películas del far west. Inclusive hoy en día podemos escucharla en televisión a través de spot publicitarios y telenovelas. Lo increíble de esto es que el sonido puede pasar desde un simple hecho anecdótico a una gran ejecución solística.

Es eficaz: Hay aquí un aspecto importante sobre este concepto; si bien es cierto, todos los instrumentos musicales son eficaces en sí, porque responden según lo que se espera de ellos. Lo curioso es que la armónica al momento de su invención queda completamente abandonado su potencial sonoro y sólo en los nuevos tiempos se comprende la grandeza de su manufactura. Se toca folk, bluegrass, country, blues, rock, celta, arábica, hindú, romántica, jazz, gospel, música clásica, etc. Además, es capaz de emular a otros instrumentos musicales: como el violín, la trompeta y el saxofón; y por si fuera poco recrea un sonido fidedigno del tren y autos transitando a gran velocidad por la carretera. Sus posibilidades musicales han trascendido su forma y sonido original. Pero, ¿por qué es tan completa y fantástica la armónica?. Bueno, gracias a quienes decidieron investigarla y poner en práctica sus bondades sonoras.

Hoy en día los grandes fabricantes de armónicas en el mundo, como la industria alemana, la brasileña y la japonesa también han aportado con lo suyo al desarrollo y perfeccionamiento de este prodigio sonoro, pues en una constante búsqueda por descubrir nuevos sonidos o notas, se ha hecho de la armónica un verdadero aparato tecnológico. Mire usted, se experimenta con nuevos materiales como el caso de la armónica 580 modelo Meisterklasse y las armónicas valvuladas por nombrar algunas. Claro que otros fabricantes han ingresado paralelamente y vendiendo a costos muy bajos: la industria china además de fabricar algunas armónicas de buena calidad como la bluesband, la jambone y la blues king, que entre otras cosas sirven mucho al momento de iniciarse y no quedan atrás cuando se las utiliza en una presentación musical, han contribuido a su masificación por su economía y rendimiento. Normalmente, una armónica china de buena calidad debiera durar medianamente afinada unos 2 meses con una frecuencia periódica de ensayos y presentaciones. El punto está en cómo propiciar un buen rendimiento tanto en su duración como en su afinación, y esto no es mas que saber soplar o aspirar correctamente y no forzar demasiado los efectos aunque deba sumarse a ello una buena amplificación.

Hasta ahora he planteado lo sustancial de este maravilloso instrumento basándome en una simple pregunta la cual me ha dado la pauta para seguir elaborando mi análisis armonicístico. De esto nos iremos un poco más atrás, con la idea de fabricar sobre la base de la historia un hilo conductor que clarifique el crecimiento e importancia de la armónica.

Desde antaño su intervención fue permanente en la música popular, los blues primitivos formaron parte de este cimiento, ya sea en solitaria o en compañía de otros instrumentos musicales, convirtiéndose así en un símbolo sonoro de tristeza, alegría y protesta. Fue precisamente en los Estados Unidos que la armónica cobra un realce instrumental importante y, a su vez, por donde empieza a abrirse camino hacia otros países.

Fíjese que la armónica es un instrumento melódico, por lo tanto, es una voz más dentro de una estructura musical y que permite mediante una técnica especial acompañarse al momento de hacer la melodía. Como decíamos, los blues fueron el pilar de toda la música que hoy escuchamos y la armónica le ha seguido fiel hasta ahora. Pienso que el mérito lo tienen los antiguos armonicistas porque apostaron a su sonido y lo que ella es capaz de entregar. Aún así quienes tocamos la armónica en estos tiempos velamos por lo mismo y por todo lo que la armónica significa en nuestra vida. Los antiguos se encargaron de difundirla y sitiarla en el lugar que se merece dentro de los instrumentos de viento, y aunque no sea tan aparatosa o sofisticada como un saxofón, un clarinete o una trompeta, no dejaría de sorprender al músico más virtuoso en este tiempo.
 

Capítulo 2

Elogio para una diatónica

He llegado precisamente a un punto importante dentro de mis comentarios cual es el virtuosismo musical. ¿Podemos ser virtuosos en la armónica?. En efecto, y no me cabe la menor duda que es así. La armónica en su simpleza de fabricación esconde un enorme potencial sonoro desde el punto de vista musical, con lo cual connotados armonicistas modernos la han llevado a niveles sin precedentes, como por ejemplo, transformar por completo una nota musical haciéndola bajar un tono, dos y hasta tres tonos. En una armónica diatónica convencional de 10 agujeros, existen veinte lengüetas las cuales dan un tono cada una, sin embargo, lo extraordinario es que esta aparente cantidad de notas o escalas que están contenidas a simple modo en la armónica, es multiplicada a dos veces, es decir, hay en ella una escala cromática completa que el músico puede hacer sonar aplicando la técnica requerida. Esto es sólo el resultado de una búsqueda constante por parte del músico en sacarle el máximo provecho a su instrumento.

Ser virtuoso en la armónica supone en primera medida, tener un apego incondicional hacia ella con la debida instrucción académica teórico musical. Empero, no debemos descartar otra alternativa totalmente válida o un segundo camino hacia el virtuosismo; me refiero al “Don “, aquel talento que nos otorga nuestro Padre Celestial cuando nacemos. Por el contrario, es posible que no contemos con ninguna de las dos opciones: academia o talento, pero no todo está perdido porque sólo necesitas algo muy simple: interés. Si aplicáramos esta acción a todo lo que hacemos seríamos mejor en todo, y si lo encajáramos en algo determinado los resultados serían asombrosos. A este respecto y para que mi análisis armonicístico tenga sentido añadiré a esta preciosa palabra, “interés”, un pequeño recetario de iniciación al virtuosismo:

1) Aprende a digerir otros estilos musicales.

2) Concentrate en el pulso del tema.

3) Improvisa en ellos cuando estes en la tonalidad correcta.

4) No derroches notas, mejor utilizar una o dos hasta que encuentres sentido a lo que tocas.

5) Saca un sonido limpio de las notas.

6) Practica la escala en la armónica de subida y de bajada hasta que adquieras rapidez.

7) Elimina las muletillas cuando toques, no caigas siempre en la misma nota ni repitas fraseos ni efectos.

8) Utiliza los efectos con mesura.

9) Escucha fraseos de otros instrumentistas de viento.

10) Recurre a un buen profesor de armónica para completar los conocimientos e instrúyete en teoría musical.
 

Conclusión

No podemos negar que se avanza con mucho éxito con relación a la fabricación de armónicas y los que la tocan, es decir, profesionalizar este campo sólo es el resultado de un verdadero interés individual, por parte de los músicos, y colectivo, por parte de los fabricantes de armónica. Inclusive, premios otorgados a los mayores exponentes de la armónica y festivales relacionados, siguen siendo un importante aporte a su difusión tanto local como mundial.

No existe un futuro predecible para la armónica y de cómo serán tecnológicamente, en cambio, puedo auspiciar que nuevos armonicistas se irán integrando a las distintas corrientes musicales maravillándonos con su técnica y estilo; por lo pronto vivimos en un mundo que evoluciona rápidamente, y donde todo lo que gira alrededor debiera seguir este patrón, de otro modo al no evolucionar conjuntamente con él nuestras aspiraciones como instrumentistas pueden ser opacadas por los que sí se atreven a cambiar y ser mejores. Nosotros los músicos de la armónica estamos en la obligación de ir a la par en la medida de nuestras posibilidades.

Cuando me decidí a escribir sobre estas cosas tuve la convicción que estaba preparado, y no dudé en hacerlo. En nuestro país, Chile, el mundo armonicístico tiene a un gran exponente, maestro de la armónica, el señor Juan Moya “Dn. John”, quien no deja de sorprenderme cuando tengo la oportunidad de visitarlo. El es un artista de la cromática y conocedor indiscutible de todos los tipos de armónica que existen. Hago esta mención porque tiene a su haber una trayectoria nacional e internacional que lo respalda y porque se ha preocupado de que esta pasión que sentimos por la armónica perdure en el tiempo, un tiempo que se forjará con nuestros sueños de músicos.

A Juan Moya dedico toda esta obra porque me ha dejado una hermosa enseñanza la cual deseo compartirla con ustedes:

“No temas ir lento, teme no avanzar”

Las palabras de Juan deben ser la luz que los guíe en el camino de la armónica; arraiguen este principio en sus mentes y sean un árbol con raíces fuertes, como un roble que soporta cualquier tempestad, porque un árbol con raíces débiles de igual manera crece, pero tarde o temprano se cae.

El sonido de una armónica es el eco de nuestro corazón, un corazón vivo que se ha ganado un espacio en el difícil y hermoso arte de hacer música.

por Leo Enry                                                              Texto usado con consentimiento del autor, para mas información:

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